Ahí mismo, en la ribera este del Mediterráneo, un pueblo lamenta su desdicha. En Palestina, en la piel de cada palestino, en el rostro de cada palestina, se delinea un mapa del dolor.
Cada día, desde 1948, el ejército israelí traza una esquirla en ese mapa. La historia reciente de Palestina es una alegoría del quebranto que sólo el ser humano es capaz de infligir a sus semejantes, pero a su vez el pueblo palestino ha escrito, sobre sus ruinas, páginas de dignidad y esperanza.
Israel lo ha vuelto a hacer.
Sus misiles han segado la vida de varios cientos de personas.
Tienen el poder omnímodo que le garantiza la fuerza militar, el apoyo internacional (por la vía de los hechos) y el silencio cómplice que dura ya varios decenios.
La población palestina está a merced de Israel: o se pliegan a sus imposiciones o irán goteando muertos, a veces a borbotones, en este proceso.
Una operación ejecutada por Israel, patrocinada por EE.UU., silenciada por el resto de las potencias, también las europeas, y sufrida por una población inocente. Cuentan, además, con la poderosa arma de la propaganda.
Sus interesadas tesis se imponen frente a una realidad que las cuestiona día a día. En su política de tergiversación denominan terrorista al resistente y estado democrático al terrorista. Entonces los niños palestinos muertos también son terroristas ¿no?
Los bombardeos tienen que cesar y tenemos que implicarnos en la búsqueda de la paz. Una salida que no puede dejar impunes a los responsables de tanta atrocidad sobre la población palestina.
POR LA PAZ EN UNA PALESTINA LIBRE
Pincha aquí para saber más sobre el conflicto palestino-israelí.
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