Qué hipócritas somos...

lunes, 6 de julio de 2009

Parece bastante hipócrita la tenacidad con que Europa procura evitar la llegada de inmigrantes africanos, cuando no son otra cosa que el residuo patético de sus correrías coloniales de varios siglos.

¿Acaso espera Europa que después de centurias de saquear África despojándola de su cultura, de sus recursos materiales y humanos, de inyectarla con su fiebre perniciosa de consumo, vaya poder encarar el nuevo milenio como los países desarrollados, castillos en cuyo interior todos son felices mientras fuera cunde el hambre y la desesperación?

Europa es rica, en buena medida, gracias a todo lo que se llevó de África.

¿Esperan acaso que los africanos hambrientos se queden padeciendo su miseria mientras Europa disfruta de altos estándares de vida?¿Creen que es tolerable que quién les robó, mató y violó centenariamente venga ahora a darles lecciones sobre moral internacional y derechos humanos?

¿No recuerdan, ingleses, las masacres de Kenya, los despojos de Rodhesia?

¿No recuerdan, franceses, cuánto robaron de Dakar y de Costa de Marfil?

¿No recuerdan, alemanes, los campos de concentración de Namibia y los cráneos del pueblo herero diezmado que aún se conservan en el Museo de Medicina de Berlín?

¿No recuerdan, belgas, sus atrocidades en el Congo?

¿No recuerdan, portugueses, sus excavaciones depredadoras en busca de oro en Angola o sus cacerías de esclavos en Mozambique?

¿No fue vuestra codicia, europeos, lo que regó de tanta sangre de niños inocentes los diamantes de Sierra Leona?

Y ahora se permiten el lujo de repeler esas barcazas de desesperados, de encerrar y de deportar a fugitivos que anegan sus costas y afean sus glamorosas playas mediterráneas.Si Europa fuese consecuente con su política de derechos humanos tendrían que acoger con los brazos abiertos a los africanos y suplicarles perdón de rodillas, ofreciéndoles compartir algo de lo que se llevaron de sus tierras.

Y lo curioso es que estos abanderados de la angustia no piden lo que les correspondería, la devolución de lo que les pertenece. Apenas piden las migajas de una limosna, vender baratijas, repartir diarios, limpiar parabrisas…y aún así no les quieren.

Demasiado doloroso el espectáculo, demasiado triste que en el centro de vuestra gran civilización se muestren los rostros oscuros de las víctimas que la hicieron posible.Vuestra ceguera es admirable y vuestra hipocresía criminal.

Mediten largamente sobre lo que están haciendo, europeos.

El mundo ruge en torno vuestro.

¿Cuánto tiempo más creen que podrán fingir no escuchar?

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